SUFRO ORIENTALMANIA… Crónica de un diagnóstico.

Por Olga Cabiol

PRÓLOGO – EL INICIO

Esa extraña sensación permanente que tenia no era normal. Sabía que algo estaba sucediendo en mi mente, y no, no eran imaginaciones mías. A mi cuerpo le costaba obedecer las órdenes que le dictaba mi cerebro. Confusión, desorientación espacial… ¿Derecha? ¿Izquierda? ¿Arriba? ¿Abajo? Esas y otras simples palabras, rodaban en mi cabeza, taladrándome sin parar.

Un sudor frío se deslizaba por mi frente cuando pensaba en ello. Me volvía loca, necesitaba saber que me estaba pasando…

CAPÍTULO 1. La negación.

Todo empezó hace cuatro años, provocado por una revisión de rutina, después de tener a mi segunda hija:
Mi médico- “Deberías fortalecer la musculatura pélvica”.
Yo – ¿La musculatura pélvica? ¿Y cómo puedo hacerlo?
Mi médico – Tienes dos opciones (me aconsejo mi fabuloso ginecólogo) Gimnasia en casa, con unos aparatitos que tendrás que comprarte, o apúntate a danza del vientre.
Yo – ¿Danza del vientre? ¿Pero hay escuelas de esto?

Empecé a darle vueltas al asunto, y como una se conoce, sabía que no haría nada en casa.

Creo que fue el destino. Justo muy cerquita de casa, empezaron con las clases de danza oriental. Y me apunté. Las chicas de clase se movían estupendamente, llevaban ya 3 meses. Fue un shock.
De frente, en el espejo, con unas mallas, calcetines y un jersey hasta las rodillas… Era imposible que esa imagen que se reflejaba en el espejo fuera la mía. ¿Dónde estaba aquella mujer que yo recordaba haber visto reflejada en los espejos de casa? ¿Dónde estaban aquellos cabellos siempre bien arreglados, el maquillaje, y ese look de una chica joven?

No deberías haber venido, pensé. Míralas a todas, que guapas ¡qué vestidos! y ¡cómo bailan! ¿Qué hago yo aquí? Con el cuerpo en clase y la mente en casa, pensando en la cena de mis hijas, en lo mucho que me estaba costando mi reincorporación a la vida laboral, el sentimiento de culpa, por no ser una súper mujer. Seguro que estas chicas tan monas no tienen problemas. Decidí no volver nunca más.

( continuará…)

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