De Egipto a Portugal con el paladar

Sólo hay un sitio en Gijón donde es posible saborear un buen bacalhau à brás para, a continuación, refrescarse con un té karkadé, la bebida de los faraones, acompañado de baklava caseros. La oferta de gastronomía internacional de la Feria de Muestras fue ampliada en esta edición con la participación, por primera vez, de un grupo de empresas portuguesas que trajeron a Asturias algunos de sus mejores y más emblemáticos productos.

Con decoración cien por cien lusa, incluidos los llamativos manteles de colores tejidos a mano -que también se suelen utilizar como mantas y se pueden adquirir por 25 euros- que completan los sentidos fados de Amália Rodrigues o Mariza, la Taberna Ribatejana nos hará sentir en el mismo corazón del país vecino. Ya desde primera hora, los aromas que surgen de su parrilla, donde bacalao, pulpo y ternera brava se doran lentamente, invitan a sentarse y dejar que los camareros nos regalen los oídos con sus suaves y arrastradas palabras mientras disfrutamos de un auténtico vino de Ribatejo o una Sagres acompañados de unos bolinhos de bacalhau. Para los más tradicionales, a pocos metros se pueden adquirir botellas de vinho verde o de Porto, los más conocidos, pero también encontrar pequeños tesoros como Lagrima, un tinto añejo muy valorado por nuestros vecinos, así como diferentes variedades de aceite de oliva de primera calidad y paté de sardina.

Tras el aperitivo, João Vieira nos recomienda probar algunas de sus especialidades, como el bacalhau o pulpo asados -a la parrilla, con nada más que aceite de oliva y ajo-, la ternera brava ribatejana, además de otras versiones de su pescado estrella -á brás o en pastel, algo parecido a nuestras croquetas-. Para poner la guinda -nunca mejor dicho- a una jornada auténticamente portuguesa, nada mejor que un trago de ginginha o un intenso café servido en vaso de chocolate. Y si lo que nos gusta es el dulce, podemos saborear unos pasteis de nata calientes o un pedazo de bolo de nõz -tarta de nuez- recién llegados de Óbidos, localidad chocolatera y repostera por excelencia.

Como Cleopatra

Si tras el atracón de bacalao lo que nos apetece es cambiar un poco de aires, lindando con el parque de los hermanos Castro se levanta una auténtica jaima egipcia donde se pueden degustar todo tipo de tés o, para los más atrevidos, probar una cachimba al más puro estilo árabe, sentados entre cojines o pufs y con la posiblidad de plantarnos un lujoso turbante dorado en la cabeza. «Tenemos mucha variedad, aunque los tés que más suelen gustar son el egipcio, que lleva hierbabuena, y el karkadé, hecho con la flor del hibisco», explica Noemí Rumbo, responsable de la jaima junto a su socio, Ismail Radwan. Aunque hay que reconocer que tanto las bebidas como los dulces árabes caseros que se sirven con ellas son de diez, quizás sean los contoneos de cadera de las bailarinas de danza del vientre los que constituyan el mayor atractivo de este original establecimiento. «Gustan a pequeños y mayores por igual y lo mismo a hombres que mujeres, pues consigue hacerles sentir como realmente estuviesen en una jaima en medio del desierto», apunta Noemí, quien destaca que, sorprendentemente, «son las señoras mayores quienes más piropos les dedican a las bailarinas».

Sin alejarnos demasiado de Egipto, en el exterior de la colorida tienda de campaña podemos encontrar al argelino Hocins, que por sólo seis euros nos ofrece un kebab acompañado de bebida y patatas. Quizás a muchos esto les suene a comida rápida o basura, pero según señala nuestro amigo, la del kebab es una receta con miles de años de antigüedad. «Antes se cortaban los trozos de carne, se ensartaban en un palo y se hacían girar sobre una hoguera. Era algo muy utilizado, sobre todo por viajeros, por su sencillez», relata.

Si nos enamoramos de los dulces que probamos en la jaima y queremos poder disfrutar de ellos en casa o regalárselos a alguien, en el Pabellón Asturias encontramos el puesto de Jamal, ‘Las tres estrellas’, un auténtico paraíso para los amantes de la miel y los futos secos, principales componentes de este tipo de golosinas. Aunque un bocado de este tipo se agradece en cualquier momento, Jamal indica que los dulces árabes no pueden faltar en algunas de las celebraciones más importantes de su cultura. «Los cuernos de gacela, que llevan almendra y agua de azahar, son muy típicos en las bodas, los baklava, elaborados sobre todo a base de nuez, suelen servirse en la fiesta del cordero y los pestiños, que llevan de todo -almendra, canela, miel, agua de anís, etc.-, gustan mucho para celebrar el fin del Ramadán», explica el marroquí.

Un año intactos

Además de su sabor, uno de los puntos fuertes de este tipo de llambionaes es su larga duración. «No llevan huevo, leche, mantequilla ni ningún otro ingrediente perecedero, lo que permite que se conserven intactos, sin necesidad de nevera, durante cerca e un año», asegura Jamal, quien además ofrece un delicioso té moruno en su estand.

También para entusiastas de lo dulce son los frutos secos, garrapiñados, tostados y de mil y una formas, que aterrizaron en la Feria llegados directamente desde Grecia.

Sabor tropical

Cuando el calor aprieta, quizás no apetezca tanto un té como una fresca caipirinha de las que preparan las brasileñas Cristiane Barboso y Fátima Gomes, quienes además de cócteles caribeños, zumos recién exprimidos y batidos de los de verdad -de fruta y leche, no helado-, ofrecen uno de los platos más internacionales de su país: la picanha. En filetes, espetada -una especie de brocheta- o en taquitos, esta parte noble de la ternera o el buey es todo un éxito en la Fidma, aseguran.

También desde el otro lado del charco, pero de Colombia y Venezuela, vienen Lili Núñez e Indirath Coronado, quienes despliegan ante nosotros un amplio abanico de bocados y tragos típicos de Latinoamérica. Desde las arepas, muy similares a nuestros tortos aunque el relleno va por dentro, hasta las hallucas o tamales, una especie de pasteles de carne y verduras envueltos en hojas de plátano para facilitar su transporte, pasando por los apetecibles jugos tropicales, su puesto es toda una tentación para los sentidos.

más suelen gustar son el egipcio, que lleva hierbabuena, y el karkadé, hecho con la flor del hibisco», explica Noemí Rumbo, responsable de la jaima junto a su socio, Ismail Radwan. Aunque hay que reconocer que tanto las bebidas como los dulces árabes caseros que se sirven con ellas son de diez, quizás sean los contoneos de cadera de las bailarinas de danza del vientre los que constituyan el mayor atractivo de este original establecimiento. «Gustan a pequeños y mayores por igual y lo mismo a hombres que mujeres, pues consigue hacerles sentir como realmente estuviesen en una jaima en medio del desierto», apunta Noemí, quien destaca que, sorprendentemente, «son las señoras mayores quienes más piropos les dedican a las bailarinas».

Sin alejarnos demasiado de Egipto, en el exterior de la colorida tienda de campaña podemos encontrar al argelino Hocins, quien por sólo seis euros nos ofrece un kebab acompañado de bebida y patatas. Quizás a muchos esto les suene a comida rápida, pero, según señala nuestro amigo, la del kebab es una receta con miles de años de antigüedad. «Antes se cortaban los trozos de carne, se ensartaban en un palo y se hacían girar sobre una hoguera. Era algo muy utilizado, sobre todo por viajeros, por su sencillez», relata.

Si nos enamoramos de los dulces que probamos en la jaima y queremos poder disfrutar de ellos en casa o regalárselos a alguien, en el Pabellón Asturias encontramos el puesto de Jamal, ‘Las tres estrellas’, un auténtico paraíso para los amantes de la miel y los futos secos, principales componentes de este tipo de golosinas. Aunque un bocado de este tipo se agradece en cualquier momento, Jamal indica que los dulces árabes no pueden faltar en algunas de las celebraciones más importantes de su cultura. «Los cuernos de gacela, que llevan almendra y agua de azahar, son muy típicos en las bodas, los baklava, elaborados sobre todo a base de nuez, suelen servirse en la fiesta del cordero y los pestiños, que llevan de todo -almendra, canela, miel, agua de anís…-, gustan mucho para celebrar el fin del Ramadán», explica el marroquí.

Un año intactos

Además de su sabor, uno de los puntos fuertes de este tipo de llambionaes es su larga duración. «No llevan huevo, leche, mantequilla ni ningún otro ingrediente perecedero, lo que permite que se conserven intactos, sin necesidad de nevera, durante cerca de un año», asegura Jamal, quien además ofrece un delicioso té moruno en su estand.

También para entusiastas de lo dulce son los frutos secos, garrapiñados, tostados y de mil y una formas, que aterrizaron en la Feria llegados directamente desde Grecia.

Sabor tropical

Cuando el calor aprieta, quizás no apetezca tanto un té como una fresca caipirinha de las que preparan las brasileñas Cristiane Barboso y Fátima Gomes, quienes además de cócteles caribeños, zumos recién exprimidos y batidos de los de verdad -de fruta y leche, no helado-, ofrecen uno de los platos más internacionales de su país: la picanha. En filetes, espetada -una especie de brocheta- o en taquitos, esta parte noble de la ternera o el buey es todo un éxito en la Fidma, aseguran.

También desde el otro lado del charco, pero de Colombia y Venezuela, vienen Lili Núñez e Indirath Coronado, quienes despliegan un amplio abanico de bocados y tragos típicos de Latinoamérica. Desde las arepas, muy similares a nuestros tortos aunque el relleno va por dentro, hasta las hallucas o tamales, una especie de pasteles de carne y verduras envueltos en hojas de plátano para facilitar su transporte, pasando por los apetecibles jugos tropicales, su puesto es toda una tentación para los sentidos.

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