Los hombres de azul que vuelan

SUBIÓ la marea roxa, sí: pero la rampa fue la azul. Azul cantábrico y vibrante, que retumbaba entre el “egia da, egia da, porque lo he visto yo” con su vieja estrofa que dice “el aviador de Kankapur también quería volar…” y la gente de Bermeo que, ayer más que nunca, inundaban el mundo del remo. A la espera de que llegase la Bou Bizkaia a esa tierra mágica que es la rampa, un hombre con el torso desnudo y una bandera de Urdaibai ceñida al cuello a modo de capa también voló: se lanzó de cabeza al agua como si fuese un superhéroe. La bajada al mar, insisto, era azul. Más azul que nunca, como si todo el pueblo hubiese acudido en desagravio al pasado año, cuando el veredicto de los jueces les dejó sin bandera. “A ver quién tiene cojones para quitárnosla hoy”, gritaba una etxekoandre al paso de la Bou a la altura del Aquarium. Volaban como el aviador de Kankapur. Volaban sobre las aguas como si los hombres de Salsamendi (entrañable su imagen con un chupete en la boca en honor al tercer hijo que espera, supongo, y el remo al aire…) bogasen a bordo de un hidroavión.

Fue el desenlace de una mañana feliz, como casi todas las de La Concha, la madre de todas las fiestas del mundo del remo. Desde Portaletas, donde las apuestas se cantaban a voz baja (apenas algunos audaces jugaron a la contra, y aún menos cuando se supo que Kaiku bogaba por la calle cuatro, solo buena para el regreso a casa…), hasta el propio Aquarium, el gentío se entremezclaba. Y lo mismo una cuadrilla jarillera se lanzaba al suelo para simular la bancada de una trainera amarilla sobre el asfalto bajo el lema Aupa Ibon y esforzarse en la palada, que aparecía una escena marciana en tierras de Orio: una niña que miraba una película, con un adulto que le servía de enlace humano con el mundo de la imagen gracias a un sombrero peculiar, coronado por una antena que permitía a la niña sintonizar bien.

Tras la tribuna, camino del agua, cruzaba Korta con los puños prietos. Aún soñaba con una de sus gestas. El alcalde de Sestao, Iosu Bergara, invocaba a otra fe: se santiguaba poco después, cuando Kaiku ya remaba y los hombres de azul volaban a su lado. Para entonces Olatz, remera de Zumaia, miraba con los ojos vidriosos la bandera que había conquistado. Sus amigas le coreaban el zorionak zuri al llegar a los 23 y sus compañeras, con el bote al hombro, pararon a su altura, como si fuese un paso de la Semana Santa sevillana que se detiene en un balcón. Unos niños, partidarios de Hibaika, se balanceaban al son de los tambores y una joven, seguidora de San Juan, lucía un vestido de pedrería, más propio de la danza del vientre que de una mañana frente a la mar.

Desde primera hora de la mañana la rampa estaba perfumada con el Chanel nº 5 del deporte: Reflex. Cruzaron por ella unas chicas de Kaiku tocadas con guirnaldas de flores, pero el jardín lo puso un seguidor de la Bou Bizkaia que tocaba el txistu con un sombrero decorado con un clavel. Uno de los miles de azules que jalearon alrededor del campo de regatas. No por nada, se estima que cerca de quince autobuses salieron de las costas de Bermeo para acompañar a los suyos. La marea azul que sube y sube…

Los hombres en la mar y todo un remolino de sentimientos en tierra firme. Alex Txikon desatado animaba a Urdaibai y Mercedes Rodríguez lucía un pañuelo amarillo al cuello. ¿Una bandera de La Concha que pase por debajo del Puente Colgante…? “No estaría mal”, bilbainea. La gente del Eneperi junto a Alex, entregándose en cuerpo y alma, tanto como el propio Iosu Bergara que se desgañita después de los rezos. Una voz me chista que “el récord va a caer: he apostado 200 euros a que sí”. La busco más tarde para aclaraciones porque Urdaibai se ha llevado la plusmarca del largo y la bandera (la suma de la clasificatoria y la final…) más veloces, pero ya no la encuentro aunque intuyo escucharla a lo lejos. Bai, bai, bai… ¡Urdaibai!

Camino de la rampa una joven baja con un cartel en el que puede verse la caricatura de un jabalí vestido de Urdaibai casi al tiempo que los remeros llegan a la bocana del puerto. Una etxekoandre hace funambulismo sobre las aguas, con un par de aplaudidores en las manos y una botella de champán en la cabeza, sinónimo de que no se la ha bebido ella sola. Mientras tanto, los remeros se dan un baño de espuma. Espuma de la mar y burbujas de champán, ese es el cóctel que triunfa. Nando jura bandera cuando se le acerca un seguidor tocado con un gorro militar. Una pareja -él de Sestao, ella de Bermeo…- se besan antes de separarse. “No vuelvas tarde”, le pide el hombre vestido de verde. Sabe que no le ha oído y que, si lo ha hecho, no le hará caso. Es la vieja ley de las celebraciones.

Los remeros de Urdaibai se fotografían con la familia, con los amigos, con los desconocidos… ¡Con el mundo entero! Ese mundo entero que, dicho sea con permiso de Bilbao, hoy es un Bermeo más grande.

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