Tatiana Garrido, el flamenco como religión

Para hablar de Tatiana Garrido hay que separar su DNI de su trayectoria artística; como otras artistas que se llevaban el Bollicao a los escenarios, lleva casi 30 años en los escenarios, una trayectoria que en cualquier otra profesión estaría retratando a alguien que está pensando en la jubilación. No es el caso de la bailaora granadina, que sigue siendo una persona joven con multitud de proyectos en el horizonte, debidamente documentados y archivados en el ordenador de su marido. Tatiana Garrido forma parte junto a Estrella Morente y Marina Heredia de un triunvirato de artistas granadinas que han conseguido dejar de ser ‘hijas de’ por mucho que ellas mismas se empeñen a la más mínima ocasión en reivindicar su herencia flamenca. Por eso es inevitable que Tatiana Garrido acabe mencionando a su madre, la bailaora María Guardia Mariquilla, una de las artistas que consiguieron sacar el flamenco de los tablaos para convertirlo en un arte para auditorios y teatros. Y después de toda una vida recorriendo el mundo, ahora se detiene para reflexionar sobre el alma de las personas, algo que ella pone por encima de las religiones. Esta es la génesis de Espiritual, el nuevo espectáculo que estrena este miércoles en el Teatro Isabel la Católica dentro del festival Otoño Flamenco que organiza el Ayuntamiento de Granada. Y aunque parezca mentira, ya han pasado más de seis años desde su última aparición en un escenario granadino, aunque como personaje público se haya prestado en este tiempo a participar en numerosos actos de todo tipo.

Tatiana Garrido ha tenido la oportunidad de conocer las culturas de los países desde dentro, no a través de un viaje organizado por un touroperador, viendo de primera mano lo que no había que perderse, pero también haciendo una inmersión en esos lugares que no aparecen en las guías. Es lo que diferencia a un ciudadano del mundo de un turista. “El flamenco es la palabra universal que todo el mundo comprende aunque las culturas se enfrenten por cosas surrealistas, pero con el flamenco todos nos entendemos aunque no hablemos el mismo idioma”, señala la bailaora. Y pone como ejemplo un lugar tan alejado de la cultura española como Costa de Marfil, donde “la gente vibraba con el flamenco como en pocos sitios he visto”. También Japón, un país que sigue entendiendo el arte jondo como la expresión máxima de la espiritualidad. Curiosamente, esto no tiene que significar necesariamente que los artistas beban del misticismo de San Juan de la Cruz. “La mayoría son muy bohemios, es una espiritualidad que tiene que ver con la creatividad, no lo piensan, lo hacen intuitivamente”, explica la artista para comenzar a hablar de un espectáculo que lleva retazos de culturas de todo el mundo. “Bailando por soleá, un musulmán o un hindú vibra, es una posibilidad de llegar a otro nivel espiritual, un idioma que entiende todo el mundo”. Así que no cabe esperar ver a Tatiana Garrido bailando la danza del vientre porque Espiritual es una obra de matices, ambientes, olores… “Yo soy flamenca, pero lo que sí he intentado es transmitir a través de los palos del flamenco las distintas religiones a través de las que el ser humano ha buscado la espiritualidad”, recalca la artista.

Son los conceptos que introduce en su nuevo espectáculo, que tiene un aire de recogimiento, de ritual, a lo que ayuda bastante la presencia de un coro de gospel que emplasta de manera “asombrosa” con las voces flamencas. A esto se le suma otra de las señas de identidad de Tatiana Garrido, sus cuidados estilismos, en este caso diseños de la granadina Rosa Peula, “una mujer con una gran trayectoria que, curiosamente, es muy poco reconocida en su tierra”, afirma incluyendo con su mirada a más personas, quizás a ella misma. “Todo tiene que ser bello, la danza, la música y también hay que plantear una magia en el vestuario”, explica sobre un fondo de armario en el que destaca un vestido con unas alas hechas con flecos blancos, el color que predomina en todo el espectáculo. “Por ejemplo, bailo una farruca vestida con un traje blanco, por lo masculino de este baile, pero con un sahib árabe para resaltar también la feminidad”, avanza sobre su particular fusión de culturas y de conceptos. Otro de sus modelos, el que utiliza para bailar soleá por bulerías, está repleto de plumas buscando la fusión espiritual con el mundo musulmán.

De alguna manera son retazos de mundos vividos en primera persona, aunque su viaje por el planeta Tierra también tiene una cara b, ver crecer a los hijos a través de una webcam, hacer una gira por Marruecos seis meses después de dar a luz o aterrizar en Corea en el mismo momento en el que fallecía su abuela. En esta caso, tenían un mes por delante de actuaciones en Seúl, por lo que los artistas que la acompañaban y su marido decidieron no comunicarle la noticia hasta que no volvió a Madrid. Aún le dio tiempo de actuar en el Monumental y en una televisión, hasta que Aurora Vargas le dio el pésame a su madre. Y en ese momento, un mes y miles de kilómetros después, conoció la muerte de uno de sus seres más queridos.

Y hablar de Tatiana Garrido y de su familia es hacerlo de la mítica sala de fiestas Neptuno, un tablao por el que pasaron todos los artistas que hoy tienen algo que decir en el flamenco, caso de Rafael Amargo o Juan Andrés Maya. La familia vendió el solar y la sala se trasladó a las afueras, con una inversión millonaria y un tablao casi de última generación. Se trasladaron en junio de 2001 y, tres meses después, dos aviones se estrellaban en las Torres Gemelas de Nueva York. “Nosotros teníamos el mercado japonés y el americano, con lo que este atentado hundió un proyecto en el que se había invertido mucho dinero para tener un espectáculo, unas instalaciones y unos servicios de mayor calidad”, señala la artista sobre el cierre de uno los lugares más emblemáticos de la ciudad, una sucursal del Sacromonte a unos metros de la calle Recogidas.

De hecho, a nivel artístico, la escuela de flamenco Mariquilla comunicaba directamente con el tablao Neptuno, donde acudían a actuar los mejores alumnos. Ahí se curtían actuando a diario “hasta que echaban a volar”. Incluso en las Cuevas del Sacromonte hay un tanto por ciento muy alto de artistas que se han formado en la sala de fiestas. Por allí pasaron Camarón, Morente, Paco de Lucía… Incluso Chiquito de la Calzada, como esforzado cantaor de atrás antes de tocar la gloria contando chistes, los mismos que contaba en camerinos a sus compañeros por amor al arte. Por eso, cuando habla de Paco de Lucía, lo hace con la cercanía de quien habla de un amigo entrañable. “Una semana antes de fallecer estaba hablando con mi padre de pesca y de sus cosas, porque era un hombre sencillo al que le gustaba disfrutar de las pequeñas cosas aunque, como es lógico, casi todo el que se le acercaba quería hablar de flamenco con él”, recuerda Tatiana Garrido sobre una familia flamenca en la que también incluye a la gran Lola Flores, otra íntima de la familia. En definitiva, una vida de aduanas, aeropuertos y amistades que se concentran en su espectáculo más Espiritual.

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