Movimiento y danza, habilidades naturales

El movimiento es innato. Es la facultad que tiene el ser humano para desplazarse, para sentir su cuerpo, para aprender a conocerlo y a controlarlo. A partir de esta habilidad es que más adelante va a poder moverse con acierto, a través de la danza.Desde que el niño se encuentra en el vientre empieza a moverse, sobre todo cuando tiene la posibilidad de recibir ciertos estímulos, como por ejemplo la música. Incluso, comienza a conectarse con su madre y, cuando nace, va a tener más sensibilidad para reconocer este tipo de estímulos.

Al nacer, con el paso del tiempo, “debe tener posibilidades para moverse, estirarse, rodar, gatear, arrastrarse y jugar, y desde este momento el niño va a desarrollar el gusto y la confianza por su cuerpo”, explica María Carolina Vélez Gaitán, profesora de movimiento del Departamento de Artes Escénicas de la Facultad de Artes de la Pontificia Universidad Javeriana.

Si el niño continúa y estimula estas habilidades naturales, el bienestar va a ser evidente y el gusto por la danza puede desarrollarse naturalmente, dice Gaitán: “Es importante que este proceso sea parte del desarrollo integral del niño, y no algo impuesto u obligatorio. El proceso de integración motriz debe convertirse en parte de la rutina”.

Cuando es bebé, es importante entonces que tenga contacto con la música para estimular algunas partes de su cuerpo, ya que así comienza a moverse de manera innata. Incluso, los padres pueden estimularlo con el tacto; coger sus piernas, dedos o manos para que comience a sentir su cuerpo porque “nacen sin saber qué es lo que tienen, y empiezan a buscar y a explorar su cuerpo”, señala la bailarina Mónica Huertas Tamayo, fundadora y directora de Victoria’s Ballet School.

Los juegos de movimientos, por su parte, son un primer acercamiento a disciplinas más específicas, como el baile. Según María Carolina, “el niño va poniéndose gradualmente ciertos objetivos con el movimiento, va interactuando con otros y lo utiliza para expresar historias o sentimientos, refinando las posibilidades que tiene de moverse y afianzando habilidades físicas, cognitivas y afectivas, que son básicas, no solo para la danza, sino para la vida en general”.

Fuertes destrezas

Uno de los primeros beneficios cuando el niño tiene contacto con la danza es que esta le permite despertar sus sentimientos y expresarlos a través del movimiento; es una vía de comunicación, dice Huertas. También promueve las capacidades para comunicarse e integrarse socialmente.

A nivel emocional, es la forma perfecta de exteriorizar sus sentimientos, cualesquiera que sean: tristeza, alegría, melancolía. “Todo se transforma en movimiento cuando un niño está expuesto o ha tenido comunicación con cualquier tipo de arte”, añade.

Por otro lado, le permite desarrollar una sensibilidad ante las personas y ante el mundo, se vuelve más abierto, más crítico, piensa y reflexiona libremente, opina Gina Jaimes, maestra en artes escénicas y coordinadora del Teatro El Parque, del Instituto Distrital de las Artes (Idartes).

Por otro lado, el movimiento y el baile ayudan a que el niño tenga mayor conciencia y manejo de su cuerpo, aumente su concentración y equilibrio; y agrega: “su cuerpo empieza a moverse solo; se logra el desarrollo de habilidades y destrezas básicas, como caminar, saltar, brincar, gatear. Se desarrollan de una manera más rápida, más consciente, más fija”, dice Jaimes.

Además, ayuda a que los niños se sientan más seguros, sean más creativos, estimulen la memoria, el pensamiento, el análisis, la imaginación, el trabajo en grupo, el liderazgo, la coordinación y la cooperación.

Desde la infancia

Los expertos dicen que para fomentar el gusto por la danza desde la primera infancia, se aconseja:

•  Permitir que el niño se mueva libremente, acompañarlo en el movimiento y compartir el baile con personas que sean afectivamente significativas para él. Puede ser una actividad que se haga en familia; el niño también puede aprender a través de la imitación y el ejemplo.•  Participar o ir a ver talleres de danza, teatro y música.

•  Escuchar música, moverse, crear juegos de movimiento.

•  Para María Carolina Vélez no es recomendable empezar la disciplina antes de los 7 años. Pero si la decisión de los padres es que sus hijos se entrenen, deben estar acompañados por docentes “que tengan la capacidad de integrar elementos específicos, a partir del desarrollo de competencias genéricas, en un marco académico que incorpore el juego, la creatividad y la posibilidad del desarrollo de habilidades sociales, emocionales e intelectuales”.

•  También es importante que en esta formación inicial se vinculen los padres para que puedan aprender herramientas que les permitan incorporar este ‘ambiente de danza’ y procesos de corporalidad sana y balanceada a la rutina familiar diaria, lo que fortalece no solo procesos físicos, sino también afectivos.

 

 

 

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