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El viaje de Miguel y ‘Mery’






Dentro de ‘Fantoches y Monalisas’ Miguel tiene la dirección plástica, Felipe la dramatúrgica y Wilman la musical y pedagógica.

Fue el 2 de enero de 2014 cuando Miguel Rodríguez abandonó Tunja, su querida ciudad colombiana, para emprender el viaje que lo ha llevado a volar más alto de lo que imaginó. Cargado de sueños y acompañado de su inseparable ‘Mery’, la historia del titiritero, integrante ‘Fantoches y Monalisas’, inició su segundo capítulo.

El inicio de un sueño

“Tengo dos nacimientos en los títeres. El primero es en el vientre de mi mamá que fue titiritera; el segundo es hace 6 años cuando mi tío Julio César Quecán me invita a funciones de su grupo ‘El Carriel’ y ahí me pica “el bichito” de los títeres”, dijo Miguel.

Aunque tuvo la oportunidad de inmiscuirse en áreas como la danza y las artes plásticas, el colombiano descubrió que un títere es capaz de ligar todas ellas. “Es un objeto plástico con fines dramáticos; una imagen audiovisual porque trabajas con lo sensorial. Están más cerca de la música que del teatro porque la relación que se genera entre títere y titiritero es como la del músico con su instrumento”, explicó.

‘Fantoches y Monalisas’

Al regresar a Tunja, después de iniciarse en varios proyectos que modificaron sus metas, encontró a Wilman y Felipe, con quienes creó ‘Fantoches y Monalisas’. Como grupo consolidado, los titiriteros escribieron la obra ‘Canturio de Amor’, en la que incluyeron a sus personajes ‘Mery’, ‘Rogelio y ‘La Muerte y con la que iniciaron ‘Anda-Riego-Siembro’, su primera gira internacional, en donde tuvieron la oportunidad de realizar varias residencias artísticas en países como Ecuador, Perú y Argentina, además de participar en diferentes festivales.

Títeres en Durango

Todo su trabajo los guió hasta Durango, donde se presentaron en el Festival Internacional Revueltas, en centros culturales y turísticos con obras como ‘Buenas Voluntades’ y ‘EntreKeiko’s y Kasas’, además de organizar varios talleres y llevar su oficio a otro nivel, con el Proyecto Proscenio, donde se instruye a jóvenes en el arte titiritero. “Es uno de los proyectos más serios porque tengo esa necesidad de esparcir la labor porque ese es nuestro trabajo”, dijo Miguel quien añadió que dentro de ese tarea también se encuentra la de desaparecer el prejuicio de que el teatro de títeres es solo para niños.

PARA NIÑOS Y ADULTOS

No es solo diversión, es un oficio “para niños de cero a cien años” que también permite levantar la voz por la sociedad y dejar un mensaje. Para Miguel es su pasión. “No me veo haciendo otra cosa. Mi meta es llegar y en mi lecho de muerte tener un muñeco en la mano”.

Article source: http://www.elsiglodedurango.com.mx/noticia/568963.el-viaje-de-miguel-y-mery.html

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