Extravagantes casas de jengibre en Haití

PUERTO PRÃ�NCIPE – Cuando un terremoto destruyó buena parte de la capital haitiana sucedió algo llamativo: muchos de los edificios más señoriales de Puerto Príncipe seguían de pie. Las “casas de jengibre” extravagantemente adornadas conservaban sus elegantes persianas, torres y cornisas.

En medio de la destrucción, algunos haitianos decidieron que había que salvar esas joyas arquitectónicas típicas de Haití, a menudo escondidas detrás de muros de cemento, que estaban desapareciendo lentamente, demolidas para construir edificios nuevos o renovadas torpemente a medida que Puerto Príncipe se expandía y surgían nuevas necesidades habitacionales.

“Cuando las estructuras de cemento se vinieron abajo a su alrededor empezaron a verse estas casitas desde la calle”, expresó Lucie Couet, planificadora urbana francesa que trabaja con una organización local sin fines de lucro abocada a la preservación de estas viviendas.

Mientras que los edificios de cemento fueron destruidos por el terremoto de magnitud 7, estas pintorescas estructuras sobrevivieron casi intactas por la flexibilidad de sus estructuras de madera.

Artesanos locales que trabajan para la Fundación Conocimientos y Libertad, una organización haitiana sin fines de lucro conocida por sus iniciales FOKAL, están aprendiendo a restaurar estas viviendas. Dado que ya no abundan los albañiles y carpinteros capaces de hacer ese tipo de trabajos delicados, una docena de individuos están siendo instruidos en el arte de trabajar con maderas importadas, ladrillos color ocre y argamasa en lugar de los bloques de cemento que se usan ahora.

“Estas viejas casonas son expresiones artísticas de Haití, a diferencia de las cajas de cemento que las reemplazaron”, sostuvo uno de los aprendices, Jean Lucknor Lefevre, mientras mezclaba argamasa con una pala en una carretilla en una de dos casas de jengibre dilapidadas compradas por FOKAL para restaurarlas y convertirlas en modelos de los esfuerzos por preservar esas viviendas.

La presidenta de la organización, la ex primera ministra Michele Pierre-Louis, dijo que en Puerto Príncipe sobreviven unas 200 casas de jengibre que son una parte importante de la identidad nacional. Si bien su restauración puede parecer algo secundario ante la magnitud de los problemas de vivienda que enfrenta el país tras el terremoto, considera que es imperativo proteger esa herencia cultural.

“Uno observa una tendencia a decir que, como eres pobre, no mereces este tipo de cosas (esfuerzos por restaurar las casas). Estamos luchando contra esa visión”, declaró Pierre-Louis, cuya organización es apoyada por al Fondo para Monumentos Mundiales con sede en Nueva York y por el Instituto de la Herencia Walloon de Bélgica.

Obstáculos numerosos

A diferencia de lo que ocurre en las naciones desarrolladas, en Haití no hay subsidios para restaurar edificios históricos en manos privadas. Y a medida que suben los precios de las propiedades como consecuencia de la reconstrucción de la capital después del terremoto, la gente que tiene casas de jengibre es tentada para vender sus propiedades, que serán destruidas y en su lugar se construirán oficinas o edificios de departamentos.

Algunas familias, no obstante, están decididas a preservar sus propiedades para las generaciones futuras y FOKAL le ofrece asistencia técnica a quienes tienen los medios para pagar por las renovaciones.

En su casa de dos pisos, con un porche amplio donde se dan clases de danza para niños escolares, Vivianne Gauthier, de 98 años, dice que se acuerda de cuando las calles estaban llenas de casas señoriales como la suya.

“Si bien el mantenimiento es muy caro, jamás permitiría que este sitio sea vendido o demolido”, aseguró mientras caminaba por el piso de parqué de la casa donde vive desde 1918. “Los haitianos tenemos que conocer nuestro pasado”.

El diseño “jengibre” nació cuando tres jóvenes haitianos estudiaron arquitectura en París en 1895 y se enamoraron del estilo de las viviendas de centros turísticos. A su regreso, trataron de adaptar ese estilo al clima del Caribe y crearon una escuela arquitectónica propia de Haití, caracterizada por estampados decorativos en las puertas, azulejos trabajados en amplios porches y techos y ventanas altos para que corra la brisa.

La construcción de esas viviendas se suspendió en 1925, cuando se prohibió el uso de madera en los nuevos edificios para evitar incendios en Puerto Príncipe.

El mejor ejemplo de este tipo de estructuras es tal vez el Hotel Oloffson, una mansión del siglo XIX donde transcurre buena parte del libro de Graham Greene “Los comediantes”, una novela sobre Haití en tiempos de la dictadura de Francois “Papa Doc” Duvalier.

La campaña para preservar las viviendas comenzó antes del terremoto. En el 2009, el Fondo de Monumentos Mundiales, organización sin fines de lucro, las incluyó en su lista bienal de 100 sitios históricos en peligro, junto con viejas iglesias de Europa oriental y el centro histórico de Buenos Aires.

Norma Barbacci, directora regional del Fondo, dice que parte del dinero que recibe Haití para la reconstrucción debería ser destinado a esas viviendas.

“La restauración de casas en barrios buenos, incluso si ello implica convertirlas en varios apartamentos, es más sustentable y mejor para el medio ambiente que construir viviendas de cemento en zonas remotas, que requieren largos viajes y donde nadie quiere vivir”, sostuvo.

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