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Vulnicura la belleza de un corazón roto

México, DF.- Björk es una artista tan completa que la música es una parte íntegra de su vida, casi un sinónimo. Capaz de inventar sus propios instrumentos, de hacer un disco solo con voces humanas (“Medúlla”), de encontrar melodías en un juego de barajas y mezclar por igual sintenizadores con instrumentos de cuerdas, ella pone siempre mucho de sí misma en sus canciones. Sin embargo, a pesar de que algunos de sus temas son personales, nunca como en “Vulnicura”, su noveno álbum de estudio, se había expuesto de semejante manera. En lugar de ir de lo particular a lo universal, decide abrir las heridas de su propio corazón con las letras de estos nueve temas que componen el disco.

Ella misma lo ha dicho, “Vulnicura” habla sobre el final de una relación y la posterior recuperación del rompimiento. Más específicamente, habla de su relación con el artista visual Matthew Barney, con quien tuvo una hija y con quien terminó en 2013. Así, mientras su disco anterior, “Biophilia” (2011), hablaba de la unión entre los sentimientos humanos con la naturaleza, el universo y la tecnología, aquí vuelve a poner los pies en la Tierra. En lugar de ver hacia afuera, mira hacia adentro, abre su propia herida y nos la regala en forma de bella música, como solo Björk sabe hacerla.

Como una extraña ironía de la vida, el álbum más personal de su carrera estaba programado para lanzarse en marzo, sin embargo, alguien lo filtró antes de tiempo (a unos cuantos días de que Björk anunciara por Twitter su existencia). Dejando libres sus sentimientos, Björk tuvo que optar por poner “Vulnicura” a la venta antes de lo que ella había planeado. Sus más secretos dolores, que probablemente ella había guardado en un cajón indecisa de si era capaz de dejar que todo el mundo los viera, fueron forzados a salir, primero por ella en forma de canciones y luego por culpa de terceros, aunque quizá sin malicia, dejando su trabajo al descubierto. Esta situación es casi una perfecta analogía al contenido de este disco y a la forma en que se realizó. Es un “accidente”, pero no en el sentido negativo de la palabra, sino en el hecho de que está formado por sentimientos dolorosos, incontrolables, de una relación que se le escapó de las manos a la artista.

El álbum es más que claro en este sentido. De hecho, si se ve el arte del disco, donde se incluyen las letras de las canciones, podremos ver debajo de los primeros seis temas, una marca que indica el antes y el después contado en meses. No hay que ser un genio para adivinar “antes” y “después” de qué está hablando. “Vulnicura” abre con “Stonemilker”, nueve meses antes, con Björk tratando de salvar su relación. La música inmediatamente nos transporta a la época de “Homogenic” (1997) y “Vespertine” (2001), y aunque Björk es casi siempre original y diferente con cada producción que lanza, esos dos discos son la más acertada referencia del sonido de “Vulnicura”. En el primer tema Björk nos confiesa que tiene “necesidades emocionales”, las cuales está tratando de solucionar a través de “un destino yuxtapuesto, encontrar nuestra coordinación mutua”. “Stonemilker” es un tema que todavía tiene esperanza.

“Lionsong” ya es un tema desesperado. Ubicado cinco meses antes, Björk está anticipándose al final. Hay problemas y ella se pregunta, “tal vez él saldrá de esto amándome, o tal vez no”. La canción es casi un lamento, uno podrá pensar que la voz de la cantante es muy característica, pero si se escucha con cuidado, hay un timbre diferente aquí. Está confundida y lo único que busca es entender sus sentimientos. “Exijo claridad”, canta. 

Mientras que “Lionsong” y “Stonemilker” son casi una misma nota, “History of Touches” es el primer tema que nos sacude musicalmente. Con Björk es difícil saber, ¿de dónde proviene el sonido que enmarca esta canción? Podría ser de alguno de sus locos inventos musicales que pueblan sus otras producciones, o uno nuevo. El tema se ubica tres meses antes y es tan personal que habla sobre su vida sexual, o la añoranza de la misma. “Te despierto en la noche, con la idea de que esta es nuestra última vez juntos, por lo tanto, sintiendo todos los momentos que hemos estado juntos”, dice el tema. Y con “momentos” se refiere al amor carnal, de ahí el nombre de la canción (“historia de tactos”). “La historia de tactos, cada archivo comprimido en un segundo”, canta.

Con semejantes letras no es ninguna sorpresa que en estos primeros tres temas el disco suene como algo oscuro. Probablemente el más oscuro de todos sea “Black Lake” (quizá, incluso, el más sombrío de toda la carrera de la cantante). El primer tema ubicado posterior al rompimiento, dos meses después, es una odisea bellísima de más de 10 minutos de duración. “Nuestro amor era mi vientre, pero nuestro lazo se ha roto. Mi escudo se ha ido, me han quitado mi protección”, canta en las primeras líneas, teniendo de fondo las suaves cuerdas de violines, mientras, como un eco, va creciendo un beat que lo empieza a inundar todo poco a poco. Un sonido dispar, perturbador y muy triste. La canción se llama “lago negro” y ese lago al que se refiere es su propio corazón: “mi corazón es un enorme lago, negro de veneno”. En el tema Björk revela su mayor dolor, la destrucción de su familia: “la familia siempre fue nuestra sagrada misión mutua, la cual tú abandonaste”, le reclama a su ex-pareja.

Mientras los sonidos de “Black Lake” van acrecentándose, replicando a la perfección la avalancha de sentimientos de la artista (reclamos, enojos, llanto), el tema se hace más y más sombrío. “Estoy ahogándome en tristezas, no hay esperanza de recuperarme nunca. Eterno dolor y horrores”, dice en un punto. En el tema “Family”, ubicado seis meses después, hace casi una continuación del mismo reclamo, la destrucción del núcleo familiar, “la muerte” le llama, de su “triángulo milagroso”. El tema tiene dos caras, muy marcadas; empieza con un solo golpe sonoro que se repite y casi a la mitad lo cambia por unas cuerdas que parecen otra canción totalmente distinta.

Para “Notget” ha pasado casi un año, 11 meses, desde el rompimiento. “En el amor somos inmortales, eternos y seguros de la muerte”, canta ya con una nota mucho más positiva, donde afirma con madurez: “si me arrepiento de nosotros, estoy negando que mi alma crezca” y, luego, en lo que quizá sea la línea más hermosa en todo el disco: “no remuevan mi dolor, es mi oportunidad de sanar”. El tema es bellísimo, con ritmos suaves que repiten una pegajosa melodía, como una marcha militar, de una fuerza sobresaliente. 

En los últimos tres temas ya ha dejado de contar los meses. Aquí ya no vemos en el arte del disco cuánto tiempo ha pasado, pero es lógico que estamos en un mundo post-rompimiento. Tanto tiempo ha pasado que es seguro afirmar que Björk ya ha superado su dolor y ya no hay razón para una cronología. Entonces canta líneas como, “nadie es un amante solo, propongo una danza de átomos”, en “Atom Dance”, donde comparte la voz Antony Hegarty, quien trabajara con ella en “Volta” (2007). “Necesito romper hábitos viciosos, hacer algo que no he hecho antes”, dice en “Mouth Mantra”, y ya para “Quicksand” podemos escuchar una aceptación del dolor no como algo dañino: “cuando estoy rota, estoy completa y cuando estoy completa, estoy rota”. Presenciamos cómo Björk vuelve a hablar de temas amplios. El proceso se cierra y entonces nos damos cuenta que, a pesar de que Björk hablaba de un tema personal, tal vez era incluso más universal que nunca.

el dato

Género: Alternativo.

Disquera: One Little Indian.

Productores: Björk, Arca, The Haxan Cloak.

Sencillos: “Stonemilker”.

Dónde: De venta en iTunes. Precio: $120 pesos.

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