Powered by Max Banner Ads 

Despedida de Máximo Damián fue con arpa, violín y danza de tijeras

Pedro Escribano

Lo despidió un arpa. También un violín y, por supuesto, el compás de la danza de las tijeras. Los restos mortales del violinista Máximo Damián Huamaní llegaron a su morada final en el cementerio El Ángel, a las 2 p.m., adonde también llegaron sus amigos, admiradores y paisanos.

Mientras un sacerdote elevaba una oración por el violinista de San Diego de Ishua, una señora,  campesina por cierto, repartía hojas de coca a los presentes.

El féretro estaba allí, cubierto de flores y de una bandera de arcoiris. Sobre él, leal, huérfano y silencioso, permanecía el violín del maestro.

Apenas acabó la romería, la voz de Sila Illanes se desgranó con canciones tradicionales ayacuchanas. A su voz, seguro con el dolor más grande del mundo, se sumó Isabel Astos, viuda del recordado violinista.

Una comparsa de danzantes de tijeras y de huaylas, acompañaron el tránsito de atáud hacia la fosa final. Allí estaban sus amigos, sus paisanos. No había presidentes ni ministros, sino la gente del común, la que de verdad lo quiso. El momento más emotivo fue cuando, antes de ser sepultado, el féretro bailó en los hombros de sus amigos. Máximo Damián se fue bailando.

Mientras caían las paladas de tierra, Margot Palomino cantó  el sentido yaraví “Ay, pesares”. También cantaron huaynas Rodrigo Montoya y Avelino Rodríguez, “El tío Huanta”.

Sobre el féretro caían más flores y más tierra, Máximo Damián volvió al vientre de su madre, la Pachamama.

Deja un comentario


 Powered by Max Banner Ads