El movimiento es la naturaleza de los niños

La actividad física forma parte de la naturaleza de los niños. Un bebé danza en el vientre de su madre, mueve sus patitas jugando en su coche, gatea, aprende a caminar. Los chicos corren en el recreo, trepan árboles, saltan, suben y bajan. Todo el tiempo están moviendose. Cuando son escolarizados, la actividad física toma una importancia fundamental ya que no sólo estimula el desarrollo integral de los pequeños sino que permite también su desarrollo social. Pero lamentablemente, en los tiempos actuales, es común observar poco juego creativo y exploratorio, mucho sedentarismo y sobrepeso infantil.

“Estamos pasando un momento interesante de la humanidad que tiene que ver con el uso de la tecnología, con el confort, con cambios en el estilo de vida, y el hombre dejó de ser activo para pasar a ser un ser pensante en una situación de comodidad y poco movimiento”, reflexiona Jorge Gerboni, director del Instituto Superior de Educación Física (Isef) de nuestra ciudad. “Y esa cultura instalada está también atrapando a los niños. Entonces no juegan como lo hacían antes en las plazas, en la calle, en los potreros, y se están transformando en un sujeto pasivo que juega a través de los videojuegos”.

Silvia Olmos es profesora de Educación Física y desde hace años trabaja con niños de entre 5 y 10 años. En su experiencia diaria, está detectando dos extremos que resultan perjudicial para el bienestar de los chicos: “Veo que les cuesta engancharse en un juego que involucre un esfuerzo y esa falta de ganas se traslada después a la vida cotidiana. También tenés los opuestos, chicos que hacen muchas actividades juntas y eso es a veces un poco contraproducente, porque no tienen el descanso que necesitan. Otra cosa que observo es que continuamente necesitan que alguien les diga qué hacer. Están perdiendo la capacidad de imaginar, el inventar sus propios juegos, el conversar entre ellos y convenir reglas. Y la obesidad es otra cuestión a tener en cuenta. Son chicos que comen todos los días pero están mal nutridos; pertenecen a la cultura de la comida rápida e ingieren pocas frutas y verduras. Entonces, hoy estamos viendo problemas en los niños que antes eran de adultos como la hipertensión, la diabetes, cuerpos sin forma con mucho tejido adiposo, sobrepeso y eso afecta a las articulaciones, al desarrollo muscular y postural”.

TODO MOVIMIENTO VALE

La Organización Mundial de la Salud recomienda para los niños entre los 3 y los 14 años una actividad física diaria moderada de no menos de 60 minutos. Caminar, correr, saltar a la soga, jugar en los recreos, jugar en los aparatos en un parque, saltar obstáculos, hacer algún deporte de conjunto como el voley, el fútbol o el basquet, y montar en bicicleta, todo vale.

“Trabajar con los chicos desde el manejo del cuerpo es completamente distinto a trabajar en el aula porque ellos se liberan, exploran, disfrutan de otra manera”, comenta Silvia Olmos. “A través del juego les enseñamos a respetar normas, reglas que después se transfiere a la vida cotidiana, donde deben esperar el turno, saber que el otro también es importante. No sólo es el trabajo del cuerpo sino que a través de él se inculcan valores, el cuidado del cuerpo, a respetar al otro. Es algo integral. Como profesores de Educación Física tenemos una ventaja respecto a las maestras: permitimos el alboroto en el trabajo para capitalizarlo en un aprendizaje que sea significativo”.

Al momento de elegir una actividad para los niños es interesante buscar espacios integradores donde puedan experimentar distintas propuestas; de este modo, cuando adquieran madurez física podrán elegir una disciplina deportiva de acuerdo a sus propios intereses.

“En los deportes, en general, si uno no tiene los cuidados que debe tener de acuerdo a la edad del niño, la actividad puede ser perjudicial. En los niños debemos trabajar siempre con el propio cuerpo, ni siquiera es aconsejable usar el peso de otro compañero en los ejercicios porque sus articulaciones no están preparadas, músculos y tendones se están desarrollando. La actividad física es beneficiosa para la captación de calcio, para hacer los huesos más fuertes, tener el corazoncito y los pulmones sanos, además, el niño descansa mejor y se concentra mejor en la escuela. Un niño que hace deportes organiza mejor su tiempo, lleva a su vida cotidiana los valores y reglas para una mejor sociabilización”, agregó.

DEPORTES ¿SI O NO?

La variada oferta de actividades infantiles que se desarrollan en nuestra ciudad incorpora a los niños desde los 4 años, cuando ya tienen mayor control de su cuerpo, buscan jugar en grupo y pueden seguir consignas. Según sugiere Silvia, “no es aconsejable presionar a niños de tan corta edad para que realicen determinado deporte o se los estimule en una sola actividad. Alrededor de los 12 años el menor tiene la madurez física para practicar un deporte. Generalmente, se inician mucho antes en actividades predeportivas donde aprenden jugando. Considero que la competencia en los niños no debería existir, es cuando la mayoría de ellos se frustran. Se les exige un rendimiento en lugar de hacerlo por placer. En la primera y segunda infancia se les debe transmitir el bagaje motriz más amplio, donde puedan aprender a realizar de diferentes maneras sus capacidades básicas de movimiento como saltar, correr, danzar, trepar, subir, bajar. En la adolescencia podrán elegir si quieren hacer un deporte. Cometemos el error de encansillarlos y quizás es el deporte que alguno de los padres hubiesen querido hacer y no es el que chico quiere, y lo obligan a ir a una escuelita de fútbol y a competir. Hay que dejar que explore, dejar que enriquezca su sociabilización: eso es sano. Cuando empieza la competencia desmedida, que los padres van a la cancha y les gritan si no hicieron un gol, el deporte empieza a ser perjudicial para el niño. Desde mi lugar he tratado siempre de dejar la competencia de lado, siempre exigirles para que mejoren y aprendan pero no como fin último el resultado”.

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