Walter Albarracín, el gran maestro del jazz dance

Albarracín cuando hacía danza contemporánea con Melo Tomsich. | Fotos: Walter Albarracín – Agencia

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En siete meses, un agresivo cáncer de páncreas cegó la vida –el pasado fin de semana– del gran bailarín, coreógrafo y maestro Walter Albarracín.

Nacido un 14 de diciembre de 1954 en Cochabamba, con años de esfuerzo y dedicación Walter se convirtió en el precursor del jazz dance en Bolivia, quedando ahora su nombre como tercero en la lista de los grandes maestros que han marcado época: Mario Leyes con la danza folklórica, Melo Tomsich con la danza contemporánea y Walter Albarracín con el jazz dance.

 

Los inicios

Walter Albarracín comenzó en el mundo de la danza a inicios de la década de los 70, remplazando a un bailarín en el Ballet Folklórico de Cochabamba.

“Me falló un chico en la danza oriental del Sarao y le dije: ‘Me tienes que salvar la situación’. Él había visto varias veces los ensayos, lo hice vestir y entrar con el palo, lo hizo perfectamente bien y se enganchó en la danza”, recuerda el maestro Mario Leyes sobre aquel momento que ya es histórico.

Aquel día “dice que la pasó bastante mal porque como era nuevo ahí –y no hacía nada más que agarrar el palo– las bailarinas le sacaban la camisa del lugar, los chicos lo empujaban, pero le gustó y decidió quedarse y empezar con Mario Leyes”, cuenta su esposa Judith Carmona, cantante y hace unos 40 años maestra del Instituto Laredo.

Al ser hijo de los encargados de cuidar el Teatro Achá, Walter Albarracín prácticamente tenía como hogar al primer y más antiguo escenario de Cochabamba.

En esa época, durante los ensayos del Ballet Folklórico que se hacían en el Achá, Mario Leyes dice que “veía una siluetita todo el tiempo en la platea” y un tiempo después se enteró de quien era. “Walter estaba, a mi manera de ver, interesado en la danza”, asegura Leyes.

Durante sus inicios, para el maestro Leyes, Walter Albarracín era un excelente bailarín, “muy trabajador, consciente, disciplinado, uno de los mejores; y posteriormente un representante máximo del jazz, la persona que más se ha destacado en el jazz en Bolivia, cultivando esta danza con mucha altura, empeño, responsabilidad y arte”.

 

Un hombre muy curioso

Luego de empezar con Mario Leyes, Albarracín pasó a estudiar danza contemporánea con Melo Tomsich y luego se fue un tiempo a La Paz donde fue parte del Ballet Nacional.

“Era un hombre muy curioso”, dice Judith sobre su esposo que tanto en Cochabamba como en La Paz hizo cursos de danza con maestros que venían de Estados Unidos y otros países, e incluso fue a Chile a pasar clases de tap.

“Luego, como se puso a trabajar en el café concert de Dennis Lacunza y Peter Travesi, él sintió la necesidad de ser más fiel a lo que hacía y estudió jazz”, cuenta Judith. “Después dejó el Tralala y una temporada nos fuimos a La Paz a vivir. Él quería trabajar, abrirse un campo en el ballet de La Paz, pero es muy duro el ambiente. Entonces retornamos acá y comenzó con la propuesta de Jenny Serrano y Alberto Gasser, y él mismo dijo: ‘Yo no puedo entrar a aprender a una academia, yo voy a abrir la mía’ y ahí fue donde paralelamente al nacimiento de Champagne Show abrió una escuela de danza el año 1989. Me acuerdo bien porque fue el año que nació mi tercera hija”.

Su hijo mayor, Leonardo Albarracín Carmona, ahora director y profesor en Dance Studio Jazz, recuerda que vendieron el piano de su mamá para abrir esta academia, por donde ha pasado “innumerable cantidad de gente, desde personas que podemos reconocer ahora en la televisión, médicos, administradores, misses, modelos. Ha sido tremendo el alcance y el toque que ha tenido mi papá para inculcar el arte en tantas personas y tantas generaciones”.

Con este 2015, son 26 años de la Academia Dance Studio Jazz, la primera de éste corte creada en Bolivia. “Ha sido una inversión de tiempo, esfuerzo, sudor y lágrimas. Todo este emprendimiento ha comenzado con la triste despedida del piano de mi mamá, ella le puso el hombro y se abrió la academia”, cuenta Leonardo.

 

Su legado

En su Academia Dance Studio Jazz, Walter Albarracín formó a una serie de bailarines que ahora son dueños, en varias ciudades del país, de sus propias escuelas de baile. En Cochabamba están Luis y Patricia Ríos de Revolution Jazz Dance, Wilson Peñaranda de Winna y Juan Carlos Velasco que tiene una academia en Quillacollo. En La Paz está Claudia Montes, un referente de jazz dance y en Santa Cruz y Beni están Denisse De la Zerda y Rubén Pacheco.

A sus 16 años Wilson Peñaranda se convirtió en su alumno y recuerda que Walter Albarracín le pareció “chocante” por su alto sentido de puntualidad, responsabilidad y exigencia. Después de varios intentos fallidos y ahora dueño de Winna, una academia de danza que se diversificó al deporte (natación y artes marciales), Wilson reconoce a Walter como el maestro que lo formó en la disciplina, la precisión y la eficiencia, además de la danza.

“Al principio yo creo que todos sabían que don Walter Albarracín era inflexible, duro, estricto, súper exigente, perfeccionista, casi como un estereotipo de profesor de ballet ruso”, dice su hijo Leonardo, que también fue su alumno.

Tras la muerte de este gran artista, varias instituciones han empezado a proyectar actividades en su honor, tal el caso del décimo primer Festival Prodanza, que en abril próximo estará dedicado a la memoria de Walter Albarracín.

 

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