ESCRIBIO UN LIBRO CONMOVEDOR

Estoy rota. Entreno todos los días para
el Bailando y me duele todo…
Además, empecé con trucos. Ayer
no lo pude hacer: era el truco o me
fracturaba, jaja. Hoy no puedo ni
mover los brazos. Pero me río mucho. El otro día
me hice la canchera… Mientras ensayábamos, le
dije a Pier que iba a subir las piernas y le pegué
en los h…,”
, cuenta entre risas la periodista Marcela
Tauro (Intrusos, C5N, Radio 10), que ya siente
los rigores de la danza. El 27 de abril –se estima–
comenzará ShowMatch y ella será parte del concurso
más célebre junto al bailarín Pier Fritzsche y
la coach Cecilia Estévez.

Además, este año parió un libro desde sus entrañas
–La espiritualidad y los famosos (Planeta)–,
donde cuenta cómo vivió el momento más dramático
de su vida. En 2006 le diagnosticaron síndrome
de Hellp, una enfermedad que atacó sus riñones
y provocó el nacimiento prematuro de su
hijo Juan Cruz (hoy 8).

–¿Por qué lo escribiste?
–Más que por el lado de la espiritualidad, cuando
nació Juan Cruz pensé en la idea de contar cómo
fue nuestra vida en Neonatología, lo que me hablaban
otras madres. Y luego pasó que durante un
largo tiempo tuve que hacerle muchos exámenes
al nene, por ser prematuro. (Marcelo) Polino, que
escribió el prólogo, me decía que me apurara,
porque iba a crecer rápido… En el medio conté
que iba a ver al padre Ignacio; entonces, uní las
dos cosas.

–El punto de partida fue el nacimiento.
–Sí, y no sólo del libro, sino de un cambio en mí.
Yo soy curiosa y averiguo todo lo que sea sobre el
espíritu, los sanadores. Después agregué la espiritualidad
de los famosos: cuento cosas sobre Fantino,
Feinmann, Fátima Florez, Evelyn y Doman…

–¿Cómo supiste que corrían riesgo la vida tuya
y la de Juan Cruz?

–Yo pensaba que era joven y tenía la vida por delante.
Mi reikista Juan Costa, al que iba una vez
por semana, me dijo al tocarme el vientre que
sentía un “latidito”, que fuera al médico. Era diciembre de 2005 y me empecé a sentir mal, pero
de morirme. Me hicieron estudios y el 2 de enero
me enteré de que estaba embarazada. Juan también
me dijo que iba a tener un varón. Fue mágico.
La gente me traía a la radio estampitas, imágenes
de vírgenes y santos…

–Luego, el embarazo se complicó.
–Me diagnosticaron síndrome de Hellp, y el nene
nació antes, el 13 de julio, por cesárea. El día anterior
al parto sentí la mano de mi papá, Luis, que
había fallecido en 1995. Pero no tuve temor, y eso
que soy miedosa. No entendí, y luego lo volví a
ver en terapia intensiva. Mi padre me protegió y
me dio paz, porque estuve al borde de la muerte.
Con el tiempo entendí que vino a cuidarme, a decirme
que iba a estar todo bien.

–Juan Cruz nació y vos estabas en terapia intensiva,
sin verlo.

–Fue un momento difícil. No lo vi durante cinco
días. Yo estaba en terapia, y él en una incubadora.
Me pasó algo mágico. Cuando estaban reunidos el
doctor Nicolás Neuspiller (quien me detectó el
síndrome), los médicos con mis familiares –mi ex
y papá de Juan Cruz, José María; mi mamá, Carmen,
y mi hermana Patricia–, evaluando el tema
del trasplante de riñón –porque no me funcionaban–,
entró un médico suplente, Ponce, sin que
nadie lo viera pasar. Me tocó y se fue. Se va y le dicen:
“¡Qué susto nos diste! ¡Ni te vimos entrar!”.
Nunca más lo vi. Fue muy loco. Porque de inmediato
me empezaron a funcionar los riñones. Fueron
dos o tres días más en terapia. Y un domingo
a la madrugada salí en silla de ruedas y lo fui a ver
a Juan Cruz.

–¿Qué te mantuvo esos cinco días?
–Fue horrible. Estaba muy dopada y me la pasaba
llorando. Me traían fotos de mi hijo y me quería
desconectar todos los cables… Y el nene tampoco
estaba bien. Comenzó a mejorar cuando lo pude
ver. Me lo puse en el pecho y evolucionó.

–¿Siempre tuviste inquietudes espirituales?
–Vengo de familia católica; fui a grupos parroquiales.
En Flores estaba el párroco Alois Bachmann,
primo de Susana Giménez. Fijate cómo todo se
conecta.

–¿Por qué empezaste con las sanaciones?
–Por búsquedas espirituales. En el reiki, a Juan
Costa lo conocí a través de Beto Casella. Hace 15
años que voy. Me ayudó mucho en el embarazo y
el parto. Un día vino una señora, me contó lo que
eran las sanaciones y empecé a probar con Claudia
de Brasi. Ella te da una pulsera violeta o roja.
Jorge (Rial) también fue. Pero no hago todo junto.
Tengo épocas. Por ejemplo, cuando tuve mononucleosis
estuve muy débil; no iba a trabajar.
Me hablaron de un sanador en Wilde, un laico que
se llama Hernán. Fui, me hizo rezar, me impuso
las manos y me sacó el cansancio. Ya hace un año
de esto. Supuestamente, este hombre me puso el
manto de la Virgen. Yo no creía, pero el propio papa
Francisco me lo confirmó cuando lo vi. Hernán
también me dijo otras cosas, que con el tiempo se
cumplieron, como la separación de Jorge y Luis
Ventura.

–¿Cómo fue esa visita al Papa?
–Lo vi en diciembre del año pasado, para Navidad.
Algo maravilloso. Se nota que a Francisco le bajó
el Espíritu Santo. Fue algo rápido, pero enseguida
fue al nene y lo bendijo, y después a mí. Y ahí me
dijo que el manto de la Virgen me protegía. Me
hubiera encantado preguntarle algo más, pero en
esos encuentros no hay tiempo.

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