Tumbando Caña

Había empezado con Nayan, una canción dedicada a una de sus tías, que quiso y no pudo dedicarse a la música, aunque es también un homenaje a las mujeres de Malí que luchan todos los días por salir avante.

Tras la citada Boloko continuó con Sowa y luego Alama, en las que predomina un pensamiento con el propósito de alentar a las madres para que no abandonen a sus hijos, al tiempo que resalta el sufrimiento de los huérfanos, como el que a ella le tocó vivir por cambiar su destino.

En todo momento la voz de Fatou se manifiesta cálida, tierna e irresistible, aun cuando dobla el tono (octava), y sube el volumen. Viste las letras de sus canciones con una música de marcadas armonías afro que indagan en raíces wassoulou (música raizal de su natal Malí) mezcladas con elementos de jazz, rock, soul, funk y pop. Esa es la tendencia actual entre los músicos jóvenes de Malí que ven (y van) más allá de la música tradicional.

Pero ella no estaba sola. En el escenario vimos y escuchamos a tres espléndidos músicos: el guitarrista francés John Michael Lee y los africanos Tosin Samuel Aribisala, en la batería, y John Mweze Bashengezi, en el bajo eléctrico. Ellos en conjunto afirman las ideas de Fatou que tienen como elementos principalísimos el punteo guitarrístico afro y el ritmo de batería y bajo como soporte, mientras ella rasguea armónicamente su guitarra o realiza solos puntillosos. Se trata de un corpus tonal que incorpora y va sin dificultad de escalas pentatónicas africanas a la escala mayor occidental.

Un momento emotivo de sus conciertos es cuando llama la atención sobre Nelson Mandela. ”¿Saben quién es?”, preguntó, y el público enterado respondió con un ¡síííí! espectacular.

Mandela fue un hombre fuerte, poderoso; un hombre que nos enseñó a luchar y a defender nuestros valores. Necesitamos más gente como él, a quien sólo tengo que decir gracias, gracias padre, por ser Mandela.

Tras los mensajes de amor, paz y armonía Fatou se decantó por el baile y la alegría. Llegaron temas como Kélé, Bissa y Bakonoba, con los que levantó al público de su asiento, le hizo ulular las caderas y agitar los brazos con un frenesí que ella incitó con sus movimientos y la voz, que parece estar compuesta de muchas voces: las de las mujeres de Malí, de África, del mundo.

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